miércoles, 9 de noviembre de 2016

Segunda Parte Relato Samuel Miralles

Amigos continuamos con el trabajo de Samuel Miralles y su relato "Como podria haber sido grupo 7"...espero os guste el relato de este novel escritor...

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....Julián se mantuvo en silencio, con la luz apagada y por la ventana vio como Asier la abría y entraba el Viti, allanando la morada. Antes de que Julián abriera la boca, el Viti se la tapó y le preguntó amenazándole con una navaja, donde estaba escondido el dinero. Julián a ciencia cierta no lo sabía pero le sugirió un lugar. Después lo amordazó y lo ato al sanitario.                    Velozmente encontró un maletín con doscientas mil pesetas, sin embargo pensó que había más y rebuscó. Hasta que su padre lo pilló con las manos en la masa, in fraganti.
El Viti huyó y el padre fue a la cocina para coger una sartén y golpearle con ella. Sólo que no hubo tiempo para más, el Viti huyó rápidamente con el botín.
No se hicieron con todo el dinero pero si con una importante cantidad. La madre desató al niño y fueron rápidamente a denunciarlo. Acto seguido, volvieron a casa y la madre se echó las manos a la cabeza.
Si eran capaces ya de esto, de que no serían capaces. El que allanó la morada fue Viti pero Asier le facilitó la entrada, era cómplice y seguro que se iba a repartir el él dinero. El padre, encabritado, se quejó de que esos drogadictos se gastarían todo el dinero en droga y habían asaltado la vivienda. Pobre del niño, que sustos les pegaban.
La madre sugirió comprar otra casa en un barrio mejor, humilde pero sin tanta delincuencia y con el paso de los años lo lograron. Viti y Asier en pocos meses fueron detenidos y trasladados a prisión por tráfico de drogas y allanamiento de morada, aparte de robos de los que no sabían si eran autores materiales.
Fueron pasando los años y según crecía Julián se fue haciendo más autoritario. Se hizo fuerte y valiente y ya no era aquel niño indefenso. Su meta ahora estaba en ser policía y en el año 1991 logró incorporarse al cuerpo nacional de policía.
_Buenos días. Yo soy Francisco, el inspector de policía con el que vas a trabajar de ahora en adelante. Veo que has superado las prácticas y la teórica. Roberto te acompañará en un coche patrulla.
Roberto tiene 33 años y es subinspector de comisaría. Es alto, rubio, guapo, un imán para las chicas y está divorciado. Parece no tener mucha experiencia pero ya ha logrado el puesto de subinspector. El inspector Francisco, al que todos los que no son nuevos lo llaman Paco, tiene 46 años. Julián no lo sabe pero es un tanto corrupto, sus métodos a veces son rudos y cafres pero a pesar de todo es un gran luchador y aspira a resolver el mayor número de casos posibles. Solo da parte ante su superior, el comisario.
Tras una mañana de trabajo en la que Julián apenas hace más que observar y poco actuar, termina. Ve que en algunos casos Roberto no ha actuado tan bien como debería, ni tan moral, ni ético pero en todos los casos no ha actuado al margen de la ley, al menos de momento.
Unas semanas después Julián ya empieza a actuar pero acompañado, claro. Un chivatazo de un nuevo confidente con mucha información provoca una redada en el antiguo barrio marginal de Julián, que con el paso del tiempo ha ido a peor. Y ahora hay más redadas contra la droga por orden del ministerio del interior, ya que dentro de menos de un año se va a inaugurar la expo de Sevilla de 1992.
Julián Hurtado y Roberto circulan en un coche no oficial de policía, de paisano. Paco, el inspector vendrá más tarde.
Julián muy decidido, entra primero en el punto de venta acompañado de Roberto. Espera, hay toxicómanos a los que se les vende la droga. La mayoría con mal aspecto y finalmente le toca el turno a Julián y a Roberto.
_¿Nos vendéis un gramo de farlopa?
Julián y Roberto esperan impacientes y llega el traficante con una papelina. Roberto y Julián sacan las pistolas al unísono y Roberto le advierte:
_Queda usted detenido. Y le pone las esposas. En la casa han gritado ya varias veces el grito evasivo de agua.
Julián corre a detener a la chusma, pistola en mano. Unos intentan deshacerse de la droga expulsándola por el Wáter, otros salen por las ventanas; alguno logra huir pero la policía de uniforme entra por la puerta trasera y van deteniendo a los que quedan. Se han deshecho de gran parte de la droga pero esto no impide la detención de los allí presentes.                        El inspector Paco Brotons sale del coche, los registran de arriba abajo y los demás policías rastrean la casa en busca de droga o dinero pero solo encuentran un poco de hachís escondido y el gramo de cocaína, se han deshecho de más de 1kg. de cocaína por el wáter y la bañera, aun así pueden acusarles de algo.
Paco, Julián y Roberto se van con algunos agentes y detenidos a un descampado. No es el procedimiento habitual pero les tienen que revelar ya lo importante, quién está detrás de todo esto.
_Decidnos donde está y quien es el que os reparte la droga.
-No sabemos nada.
Roberto agarra de los pelos al que le ha contestado para encararse con él y ahora lo agarra por el cuello provocándole asfixia.
-¿Y yo quieres que me trague esa bola, verdad?
El reo intenta hablar y Roberto le suelta.
-Te lo juro, no sabemos nada. No sé quien chanela. Yo paso de trapicheos. Solo estaba esnifando algo de coca.
-Mirad a ver si dice la verdad, agentes. Comprobad.
Roberto observa a los otros tres detenidos con mirada fría. Le consta que son narcos. Sostiene del mentón a uno de ellos.
-Tú sí que lo sabes. ¿Quién os da la droga?
-Ni dándonos todo el oro que tengas te lo diríamos. No creo que puedas hacer tanto oro como nosotros.
-Vaya. Nos ha salido contestón. (Roberto ríe y los demás le acompañan en la risa) Le golpea la cabeza tres veces con una piedra de mediano tamaño y le corre por la cara sangre. El detenido empieza a asustarse pero al cabo de un rato se mantiene frío y tozudo.
Julián va a hablar con él, quizás haciendo de poli bueno consiga algo.
-Vamos. Si nos lo dices te podríamos rebajar mucho la condena.
El reo le escupe en la cara, impasible.
Roberto se acerca de nuevo y le agrede insistentemente. El reo llora y se lamenta. –Basta, basta. Dice
-El que estáis buscando se llama Viti. Está normalmente en una guarida, en un almacén en la calle manzano, pero suele cambiar de sitio.
Paco habla y como juez particular, dicta sentencia.
-Mu´ bien. Mira por donde os vais a librar de la cárcel pero os confiscamos la droga.
Y los agentes sueltan a los detenidos, y tras un disparo al aire del inspector Don Francisco Brotons se fugan del lugar. Julián va con el zeta junto a Roberto a una casa particular.
-El Viti. ¿No estaba en la cárcel? Yo lo conozco, su hijo alguna vez me ha hecho la vida imposible cuando éramos niños.


Un abrazo!!!

Victor Quesada

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