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jueves, 13 de octubre de 2016

Nuevo Libro de Samuel Miralles

Amigos os presento la nueva novela de Samuel Miralles...obra que esta en ciernes y creandose todavia..el autor nos obsequia con este avance de su obra...QUE HA SIDO DE ARGNARES...

Continuacion de la novela publicada por el autor en Amazon...en el siguiente enlace podeis comprarlo

SE RESERVAN LOS DERECHOS DE AUTOR


Argnares, que ahora tiene treinta y ocho años, llegó a Nifelhim a los treinta y tres años. Después de saquear el cofre repleto de oro y abandonar a su suerte a la tribu de la serpiente negra, que fue exterminada por los hechiceros de Gunglad. *(Véase la novela “la memoria del destino y su enemigo”)
Fue con el cofre y la lanza endemoniada, penetró en el averno de gloria; desconocido por sus habitantes y que con otro cofre vacío que encontró allí lo llenó de piedras preciosas. Fue rico durante muchos años y se casó con la mujer boa; tres años después el matrimonio se fue al garete y apenas ya tuvo dinero. Se afilió al clan de los descendientes de gigantes, los troles y conoció su religión. Encontró allí a la reencarnación de Eva y la desvirgó, haciéndose un hueco en la historia pero dejemos que toda esta historia nos la explique el propio Argnares.
Llegué a la isla de Nifelhim. El viento soplaba fuerte y nevaba allí, no gran cantidad pero nevaba pequeños copos de nieve.
Estaba aterido de frío, avisté un oso blanco, lo cacé clavándole la lanza en su estómago y dejé que la magia de la lanza hiciera efecto para terminar de rematarlo.
Su pelaje era mullido y abrigaba, lo recorté y me hice un traje de oso. No tuve ninguna prisa por encontrar el averno de gloria, me senté en una guarida, hice una hoguera y comí parte del oso. La hoguera me fue difícil de encender, con ese frío resultante y el viento que soplaba. Resguardado en la guarida y tapado con piedras al cabo de bastante rato pude encender la maldita hoguera.
Oro a Satán, me burlo de él por momentos, creo que ya no lo necesito, no sé que habrá sido de la tribu de la serpiente negra ni me importa. Creo que viajó a una tierra insólita, abarrotada de joyas donde podré comerciar con ellas, comprar tierras, vino, mujeres y demás historias.                            
Foto inspiradora del personaje de Argnares

                No me fío de la suerte de la mañana de aquel ni el devenir de la triste historia de ayer. Camino sin suspicacia aunque con la fascinación de una nueva tierra inexplorada. No impartiré ni conquistaré los territorios a las fuerzas convirtiendo a los demás a las enseñanzas de Escozish o a las de los reyes hombre, simplemente exploro y me dejo llevar.
Cocino el oso y con crujiente paladar me lo termino, poco a poco, degustando y eructo. Echó en falta un vino pero no sé en estas tierras gélidas donde encontrarlo. Un rato después, espero que pase la ventisca y camino en busca del dichoso averno, escondido en aquella tierra.
En camino me crucé con un habitante de allí, cubierto hasta las cejas de abrigo, pescando. Le preguntó en mi idioma y me responde en otro. Hago alusión al lenguaje arcaico y no responde. Lo dejo a solas, allí pescando. Corto un trozo de madera de un abeto y con la lanza hago un dibujo de un volcán. Me vuelvo a donde está el habitante y le preguntó por el volcán, todo en dibujo y ahora, al fin sí que me responde.
Me dibuja que está al noreste, me sonríe, yo con inusual amabilidad le sonrío también y parto hacia allá. En el camino me pierdo, estoy algo desorientado pero tras tres días lo encuentro.
La noche allí dura mucho y son pocas las horas de sol de las que aprovecho para caminar y guiarme. He encontrado a muy poca gente por los bosques que he rodeado hasta llegar al volcán y sin saber si estaba en peligro de erupción, entro en él. Me encontré un cofre abandonado, suerte para mí, estaba vacío pero me servirá para llenarlo de piedras preciosas.
La lava había ardido hacía no mucho tiempo y el suelo estaba caliente, no obstante con el frío del exterior casi ni lo percibí. Anduve y anduve, todo el recorrido era más de lo mismo y se desprendía humo en algunas zonas. Pensé, joder, no me vaya a quedar enterrado aquí por unas jodidas piedras. Anduve sin hallar descanso hasta que un brillo se me hacía visible a través de unas de las paredes… Manejé mi jodida lanza y abrí el muro con unos rayos escarlatas que de los demonios se había impregnado la lanza. ¡Y lo hallé! ¡Lo hallé! Allí detrás habían centenares de piedras preciosas: esmeraldas, rubíes, zafiros, topacios, aguamarinas, amatistas hasta algún diamante.
Fui cargando el cofre hasta que no cabía nada más y bien cargado, con dos cofres que pesaban lo suyo y la lanza endemoniada en la boca hice marcha atrás. Hice marcha atrás hasta que logré salir por la entrada del volcán. Allí me esperaba un tosco ser, sin pelos más que en la barba, grande y fornido con un garrote en la mano. Hablaba en lenguaje arcaico.
_¿Quién eres tú que has accedido a un volcán y has salido con dos cofres en la mano?
Dejé los cofres en el suelo y agarré la lanza con la mano, empuñándola.

Espero os guste...

Victor Quesada